La situación es un reflejo de la sanidad rural, agravada en esta zona del Pacífico por la presencia de grupos armados en la zona.
En Pie de Pató, como tantas otras veces, hoy no hay agua. Pero el centro de salud, el único para los 28.000 habitantes del Alto Baudó, en el departamento del Chocó, abre sus puertas con apenas cuatro médicos y un puñado de enfermeras.
El calor aplasta, hay un 80 % de humedad y unas condiciones evidentes de insalubridad, un escenario perfecto para la proliferación de malaria, enfermedades pulmonares, deshidratación y desnutrición infantil.
La medicina preventiva es una ilusión: apenas hay ancianos por las calles.
La situación es un reflejo de la sanidad rural, agravada en esta zona del Pacífico por la presencia de grupos armados y una compleja orografía, pero con un claro abandono por parte del Estado que la reforma de salud que impulsa el presidente, Gustavo Petro, quiere corregir.
Jany García es enfermera en Pie de Pató y reclama que los medios con los que cuentan son insuficientes. Aunque tienen un pequeño laboratorio, una zona de odontología y cinco habitaciones dobles, sus recursos, incluidos los medicamentos, son muy escasos y casi cualquier emergencia requiere un traslado hospitalario.

Atienden a un centenar de pacientes diarios y hacen varias remisiones al único hospital público de la capital, Quibdó, que funciona correctamente; traslados de hasta diez horas en lancha, cinco por tierra y en la mayoría asistidos por Médicos Sin Fronteras, que corre con los gastos.
Wartinson, el bebé de unos meses de Romaña Rubiano, indígena embera de Pavarandó, ingresó hace seis días al centro de salud por complicaciones pulmonares, tos y diarrea.
“MSF cubre los 108.000 pesos de gasolina de la lancha, y después le hospitalizaron, y ahí nos dan 67.000 pesos diarios” para mantenernos aquí, cuenta. Con suerte su hijo se está recuperando.
MÁS ALLÁ DEL PUEBLO
En Chachajo, un caserío de unos 800 habitantes a 3 horas por río de Pie de Pató, solo tienen a Miriam Palacios, una promotora de salud sin estudios formales. El centro que frecuenta tiene 4 salas vacías y una camilla.
“Me corresponde promover la salud y prevenir las enfermedades. Si llega un enfermo, atenderlo, prestarle los primeros auxilios”, explica Palacios. También coordina las remisiones a Pie de Pató.
Solo cuenta con acetaminofén, ibuprofeno, sulfato de zinc y suero oral. Las suturas las hace con aguja e hilo de coser. Y los materiales los guarda en una botella desinfectada de refresco.
“Que al menos nos pongan una enfermera jefe (…) Hay muchos casos que una enfermera jefe puede solucionarle a la comunidad”, argumenta.























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