Primero fue la Procuraduría General de la Nación que requirió al Ministerio de Defensa adelantar las gestiones necesarias para garantizar de manera urgente la presencia de efectivos del Ejército en jurisdicción del municipio de Bajo Baudó, Chocó, ante los enfrentamientos que vienen sosteniendo en esa región miembros de grupos armados al margen de la ley.
En comunicación enviada por la Procuraduría Delegada para el Seguimiento al Acuerdo de Paz, el órgano de control precisó que esa situación de orden público ha generado homicidios selectivos, imposición de reglas de conducta, restricción a la movilidad, amenazas a líderes y lideresas sociales, ocupación de bienes, confinamientos y desplazamientos forzados de los habitantes del municipio y corregimientos cercanos.
Ahora el llamado es del Foro Inter-étnico Solidaridad Chocó, FISCH ÉTNICO para que se atienda la situación, el cual dicen que se podría presentar una catástrofe similar a la de Bojayá.
«En los territorios colectivos del municipio de Bajo Baudó, hogar de comunidades negras e indigenas, la tragedia se pasea, desencadenando un presagio tan siniestro que podría superar el horror de lo vivido en el municipio de Bojayá, el 2 de mayo del 2002. El tic-tac del reloj avanza hacia un desenlace que podría sumir a estas comunidades en una catástrofe sin retorno; en esta región del departamento la guerra ha desatado su furia, enfrentando particularmente a dos grupos armados (AGC y ELN)», dice una comunicación FISCH ÉTNICO entregada a la opinión pública.
Complementa que » los grupos armados, han desafiado la paz en el Chocó durante décadas, transformando los territorios étnicos en campos de batalla sin la más mínima consideración y respeto por los derechos fundamentales de los pueblos étnicos, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, victimizando a estas comunidades inocentes en una vorágine de violencia dejando un rastro sangriento de dolor y sufrimiento» .
La tensión que hoy se vive en los Consejos Comunitarios de Virudó, Villa Maria Purricha, Piliză, San Agustin, Pavasa, Cuevita, y en los resguardos indígenas Pavasa Jella y Purrincha, se respira en el denso ambiente de intranquilidad que viven los más de 11.000 pobladores que actualmente se encuentran confinados.
























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