Durante 12 años, niñas, niños y jóvenes de la Institución Educativa Luis López de Mesa han convertido los ecosistemas del Pacífico chocoano en verdaderos laboratorios de aprendizaje, investigación y conservación a través del Semillero de Investigación Propágulos.
La iniciativa, que nació en 2014 a partir del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE), comenzó estudiando los manglares y hoy desarrolla cinco grandes líneas de trabajo: basura marina, microplásticos, manglares, ballenas jorobadas y tortugas marinas. El proceso combina conocimientos científicos y comunitarios con la participación de estudiantes, docentes, organizaciones ambientales e instituciones locales y nacionales.
LA “LANCHA DEL SABER” LLEVA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL A LAS COMUNIDADES
Uno de los proyectos más destacados es la Lancha del Saber, estrategia que lleva los procesos educativos desde las aulas hasta las comunidades rurales de Bahía Solano. Las jornadas incluyen recorridos por manglares y ecosistemas marino-costeros, talleres, juegos tradicionales, música, chirimía, actividades de limpieza, restauración y reforestación.
La iniciativa ha realizado cerca de 80 jornadas y ha llegado a cientos de estudiantes, docentes y familias de comunidades como Punta Huina, Mecana, Nabugá, Huaca, Playa Potes y Dumá. Sin embargo, el semillero enfrenta dificultades logísticas, pues no cuenta con una embarcación propia y debe conseguir lancha, combustible y materiales mediante el apoyo de aliados y aportes comunitarios.
DE LA BASURA MARINA AL ESTUDIO DE LOS MICROPLÁSTICOS
El trabajo de Propágulos también ha llevado a los estudiantes a investigar la contaminación de las playas. En 2019, 16 jóvenes participaron en un estudio sobre basura marina en Ciudad Mutis y El Almejal, donde recolectaron y clasificaron 455 residuos sólidos.
Posteriormente, la investigación avanzó hacia los microplásticos, con muestreos en Playa Cuevita, Ciudad Mutis y los manglares de Mecana, en alianza con investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, Fundación Socya e IIAP. Los estudiantes utilizan técnicas de muestreo y equipos científicos para generar información sobre la contaminación de estos ecosistemas.
Los manglares fueron el origen del semillero y continúan siendo una de sus principales líneas de trabajo. Los estudiantes han participado en procesos de restauración y reforestación junto con entidades ambientales, contribuyendo a recuperar zonas degradadas.
Para las comunidades del Pacífico, estos ecosistemas tienen además una profunda importancia ambiental, económica y cultural, pues sirven como refugio de especies, protección frente al mar y espacio para actividades productivas y turísticas.
JÓVENES APRENDEN A INVESTIGAR BALLENAS Y TORTUGAS
El semillero también ha incursionado en el turismo científico y el monitoreo de fauna marina. Desde 2023, estudiantes reciben formación relacionada con las ballenas jorobadas, aprendiendo sobre ecología, acústica, toma de datos y avistamiento responsable. Actualmente, 14 jóvenes participan en este proceso.
En el caso de las tortugas marinas, los estudiantes realizan monitoreos nocturnos en playas de anidación junto a la Asociación Caguama, adquiriendo experiencia en observación y ciencia ciudadana.
La agenda ambiental incluye además el programa “Los 5 Azules”, dedicado a ballenas, tortugas marinas, tiburones, mantarrayas y delfines, con actividades de educación y conservación.
A lo largo de 12 años, decenas de estudiantes han pasado por Propágulos y algunos han encontrado en estas experiencias una motivación para continuar carreras relacionadas con la biología marina y las ciencias del mar.
El proceso se mantiene gracias al trabajo conjunto de instituciones educativas, organizaciones ambientales, investigadores, autoridades y comunidades. Entre sus aliados se encuentran el IIAP, Codechocó, Universidad Nacional de Colombia, Fundación Socya, Fundación MarViva, Fundación Natura, Jardín Botánico del Pacífico, Asociación Caguama, Madre Agua, Parques Nacionales Naturales-Utría y la Alcaldía de Bahía Solano, entre otros.
En Bahía Solano, los manglares, las playas, los ríos y el océano se han convertido en aulas abiertas. Allí, nuevas generaciones de estudiantes aprenden a investigar su territorio, comprender sus ecosistemas y participar activamente en su conservación.























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