Así es como un proyecto está cuidando la salud de esta comunidad indígena en las montañas de Chocó.
La comunidad, conocida como ‘El 90’, es hogar de 150 indígenas emberá katío. La lluvia es constante y suele ser la compañera en el camino hasta su hogar. En ocasiones, puede cerrar por completo el ingreso a la comunidad, convirtiendo los caminos en resbalosos senderos de barro. María, por suerte, ya no tiene que preocuparse por ir a buscar agua limpia montaña arriba ya que la tiene en su casa desde finales de febrero: un tanque alimenta una serie de puntos que llegan con agua apta para consumo humano a cada una de las viviendas.
Los niños, niñas y adolescentes pueden usarla para sus actividades diarias, sobre todo, para un consumo que los proteja de enfermedades. Los adultos hervían el agua que sacaban del río e intentaban purificarla, pero en ocasiones no era suficiente para detener las enfermedades gastrointestinales que aquejan a los niños y niñas más pequeños.

Anteriormente, conseguir agua en ‘El 90’ implicaba caminar una hora desde la comunidad hasta una quebrada. El regreso podía tardar otra hora, cuando menos, teniendo en cuenta que las mujeres llevan a sus hijos a estas tareas para no dejarlos sin supervisión. Así, con niños y niñas de diferentes edades, tardan más tiempo en recorrer el trayecto.
Además de los riesgos asociados al conflicto armado, salir en la noche al baño para las necesidades también implicaba riesgos para mujeres y niñas, hoy, esos riesgos ya no existen, pues la comunidad pronto iniciará un proceso de construcción de letrinas que facilitará este acceso a saneamiento básico. Sin embargo, la mejor parte de contar con agua en casa es, tal vez, lo más simple: los niños y niñas vuelven de jugar y pueden refrescarse con un vaso de agua tratada.
“Nos sentimos muy contentos con el agua. Es una mejora para no ir lejos. Nos sentimos bien y nos sirve para cocinar la comida.
Esta agua, si bien es fresca y abundante en su lugar de nacimiento, no es apta para consumo humano: tiene microorganismos y , en partes más bajas de su caudal, puede traer partículas de metales pesados. Por esta razón, ‘El 90’ es una de las cuatro comunidades indígenas de la región donde UNICEF trabaja para que las familias accedan a agua apta para consumo humano en sus propios hogares.
El sistema de agua está pensado para que la misma comunidad lo pueda aprender a operar, asegurando su sostenibilidad. Para María, esta es una novedad que celebra y sobre la cual espera conocer más en el futuro. “También está bien para que nosotros sepamos, que podamos comentar qué preferimos”, precisó
En la comunidad, el proyecto incluyó a varios miembros, entre niños, niñas, adolescentes y adultos, para conformar un comité de agua. Este grupo de ocho personas aprende sobre el sistema de agua y sus cuidados, asegurando la sostenibilidad a largo plazo, y genera un sentido de pertenencia entre la comunidad. Además, el comité de agua promueve el buen uso del agua y las prácticas clave de higiene. Las niñas que hacen parte del comité comentaron estar “muy felices de tener agua en las casas y aprender a lavarse las manos” y, especialmente, “no tener que bajar a la quebrada”.























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